lunes, 19 de julio de 2010

INTERPRETANDO UN NUDO EN MI SISTEMA NEURONAL

Y de pronto el auditorio lanzó una carcajada nerviosa o caústica; no lo sé, porque quizás no había terminado de procesar el mensaje o lo hizo, rechazándolo sin echarle tanta cabeza al asunto. Era una frase. Una expresión que salía de esa capacidad creativa de quien la tiraba al exterior sin tapujos y sin pelos en la lengua con la contundencia del que sabe lo que dice, así los otros no lo comprendan ni lo interpreten. Sorprendidos nos pusimos nerviosos, manifestando risas y carcajadas sin comprender lo escuchado. Una babel donde se confundían saberes, disciplinas, olores, colores y hasta formas de decir lo que el sentido común expresa en refranes y dichos. El auditorio era variopinto en percepciones, enfoques y posturas disciplinares; allí se podía decir que bullía lo que los expertos llaman grandes enciclopedias discursivas, mostrando la fortaleza de su materia gris. Era una revelación o, para mejor decir, una advertencia para aquellos que creen usar sesudamente sus habilidades comunicativas y aún no saben que están en pañales y deben escuchar estas participaciones para aprender de ellos. No, no lo podíamos creer. Hombres y mujeres, nos mirábamos sorprendidos, anonadados, sin respuestas ni reflejos condicionados. El pensamiento recibió un mazazo de frente y con la contundencia de mil quilos de dinamita, la frase explosionó en los rostros atónitos y legos y, sin chistar, quedamos fríos y mirándonos como tontos ante tanta pureza y contundencia expresiva. Fue la demostración de un pensamiento claro y vehemente que no quería quedarse enmarañado en los meandros de la memoria y tenía que brotar en ese espacio especulativo creado por el maestro. Ya de aquellas intervenciones floridas e insustanciales que tratan de decir mucho y dicen nada quedó un sabor acre. Demóstenes, Churchill, Fidel, Kennedy, entre muchos otros quedaban atrás. Y nosotros éramos unos niños en pañales; no sabíamos decir las cosas más simples que el pensamiento nos solicitaba. Nuestros maestros fueron superados por este eminentísimo orador. Definitivamente nos dimos cuenta que estábamos rezagados en esto de los discursos dialéctico-retóricos y teníamos que realizar un diplomado o curso intensivo y profundo en estas nuevas conceptualizaciones. Lo aprendido otrora, quedó evidenciado, no nos servía para nada. Quedamos impávidos y sin capacidad de reacción. Habíamos escuchado hablar de investigación, de la esencia del ser, de la naturaleza del sujeto y del objeto, de semiótica, de pragmática, de hermenéutica, de la cosa y de otras cosas diferentes a la cosa. En fin, habíamos tenido la noción aproximativa a lo que nos quería decir el maestro desde su intervención, pero esto era lo máximo, el culmen, el clímax. Habíamos corrido por esos caminos resbalosos de las conceptualizaciones epistemológicas, pedagógicas y antropológicas y ahora un nudo, o mejor un coágulo conceptual se añadía a nuestras mentes: UN NODO NEURONAL. Me interrogué una y otra vez y aún sigo buscando en mi enciclopedia Británica lo que intentaron decir. Quizás no comprenda del todo, pero la cosa y su diálogo habermasiano con el ser, me obligó a desaprender aquella tarde, dejando a un lado mis pocos conocimientos de latín y alemán. Ni desinencia ni declinaciones me permitían una acepción válida. Ni las relaciones sintagmáticas ni paradigmáticas me darían nuevamente la seguridad que yo sabía un poco de lo que hablaba. Tal vez no o tal vez sí, pero creo que la sinapsis comenzaba a dañarse con esas construcciones sintácticas y semánticas que me hacían comprender que estaba en el lugar equivocado.
La tarde cayó y se calló. Nos aprestamos a culminar la jornada con sonrisas de oreja a oreja y con la convicción de haber comprendido que el positivismo había cambiado por una postura postmoderna, polifónica, racional y dialógica y teníamos que cambiar nuestra forma de enseñar para darle validez y sentido a nuestro quehacer pedagógico en y desde la universidad. En fin salí con un nodo neuronal convertido en una cefalea difícil de erradicar con ibuprofeno. Unas cuantas reflexiones dialógicas, un concervezatorio con Alfred y Pacho podían calmar mi desasosiego, para desde entonces dejar de pensar que me podía dar neuralgia por estar donde se ventilan altas apreciaciones conceptuales que enredan mi poco saber de la cosa y su relación con el sujeto.



Nota: el arte es la otra dimensión posibilitadora de comprender, interpretar y crear mundos posibles. Mis pulsiones y cosmovisiones surgen cuando veo en él la única oportunidad de expresarme para encontrarme conmigo mismo. Felicito a quienes aman el arte, especialmente la literatura como máxima manifestación de la escritura. Soy lo que escribo y me reflejo en lo que puedo ser con ella. Amigos docentes, el camino por trasegar es una urdimbre de hilos entretejidos con el amor y la responsabilidad de todos nosotros, no claudiquemos y miremos que el inicio está allí donde dejamos de hacer lo que tenemos que hacer. Este texto no es más que una apreciación de lo que podemos hacer con la palabra escrita. Quizá zahiere susceptibilidades, pero está hecho con la intención de disfrutar lo que pasó sin lesionar a nadie. ¡ Qué viva la pedagogía, el arte, la literatura y las ciencias humanas, que nos hacen más humanos ¡