domingo, 23 de septiembre de 2012

BACANTES Y PLAÑIDERAS DEL PAIS DEL “TODO PASA Y NADA PASA”




Si mal no estoy, en el siglo V a.C, en la Grecia clásica, emergieron las Bacantes, ese grupo de mujeres adoradoras de Baco, que les rendían tributo al dios del vino; de manera similar, en el “País del todo pasa y nada pasa”, surgieron los seguidores y adoradores del pensamiento de un  “Seudo Gran héroe”, con la diferencia que éstas no danzan ni disfrutan los momentos de éxtasis, sino que lloran amargamente. En ese país amnésico y adormecido, que intenta levantarse y caminar como Lázaro, pero que no lo dejan porque no conviene que se descubra a sí mismo, estas impúdicas lanzan improperios y expresiones infundadas contra aquel que ose oponerse a su héroe.
Ese “Seudo Gran héroe”,  modelo de persona que no deja de molestar, no obstante encontrarse en uso de buen retiro, después de haber desangrado y engañado a esa nación, tiene a sus áulicos y bacantes, cual canario montuno y silvestre, comiendo diariamente con trinos disonantes. Pero lo que más llama la atención de esto es la similitud que posee la actitud de éste con aquellos héroes trágicos. Araceli Laurence, en  Locura y destrucción en el teatro griego clásico, escribe Los héroes trágicos, en general, tienen muchos puntos en común con los locos: son destructivos, se matan a sí mismos y matan a otros, se enceguecen y dejan ciegos a otros. Los héroes trágicos ven las cosas de un modo particular, solo ellos tienen esa visión: Antígona rechaza a su hermana Ismene porque no ve las cosas como ella, la primera es una heroína, la segunda, no”. Pareciera que el tiempo se hubiera detenido en ese espacio para estar asistiendo a la escenificación de una gran tragedia griega donde los locos intentan ser dioses o algo así por el estilo.
Sin embargo, no deseo realizar un estudio histórico sobre las Bacantes porque no sería ecuánime con su aporte al desarrollo de una de las manifestaciones del arte escénico, sino hacer un cuadro comparativo entre ellas y un grupo de Bacantes más actualizadas y estilizadas que diariamente aplauden y vitorean a su “Seudo Gran héroe” como si éste fuera el culmen de la intelectualidad y la síntesis del pensamiento equilibrado. Esto es, Bacantes disfrazadas de, lobos blancos y lobas negras, tigrillos, monos, orangutanes, eunucos y seudointelectuales con ánimo de sobresalir y desempeñar papel protagónico sin tener un ápice de materia gris para discernir entre el bien y el mal, o de, mínimamente,  ser capaces de no beber la amargura o ese icor de dios olímpico que destila por la herida, su “Seudo Gran héroe”,  para no ser considerados idiotas útiles a una causa perdida desde hace rato.
Aunque hay una diferencia enorme entre unas y otras. Mientras esas mujeres gozaban de su dios con sus danzas y orgías extáticas; los seguidores acríticos del “Seudo Gran héroe” pierden el placer de gozar por estar ofreciéndole éste a su líder. Inmersos en su idolatría se adormecen no enterándose que amaneció hace rato y que la terrible noche cesó, mostrando que se cometieron desplazamientos, violaciones, desapariciones, invisibilizaciòn, persecución y asesinato sin el menor recato ni sensibilidad ante hijos, hermanos, madres y esposas. Que el día llegó y los rayos solares alumbraron una realidad que hace ser conscientes a sus ciudadanos de la importancia de la reconciliación.
También  se puede comparar a este grupo de personajes paranoicos con el de las tradicionales plañideras. Mientras las plañideras muy llorosas y expresivas no sabían cómo ni qué decir cuando perdían a sus seres queridos; las plañideras del   “País del todo pasa y nada pasa” se dedican a despotricar, desde todos los medios habidos, contra todo lo que huela a pueblo. Un coro quejumbroso y suplicante se eleva al Olimpo pidiendo el castigo eterno a quienes se opongan a sus percepciones e ideas; pues, no les gusta ni la paz ni las reformas ni mucho menos el bien para los demás, sino la ley del embudo y la connivencia con lo ilícito y oscuro. Claro, hay que aclarar que las  diferencias entre unas y otras, cuando se dan eventos diferentes, es muy enorme.
Por ùltimo, es bueno anotar que el término plañidera tiene la denotación, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, de  “Mujer a la que se pagaba por ir a llorar a los entierros.”. Teniendo además  los consabidos sinónimos de llorona, suspirante, sollozante. Asimismo, se enuncia la acepción  de plañidero como lastimero, suplicante, llorón, quejumbroso, quejica, etc. Se trae a colación esta comparación para ilustrar metafóricamente la situación que se da entre los seguidores del Seudo Gran héroe” y los hechos y eventos de ese país enfermo por la peste del olvido.
Referencia
Laurence, Araceli, Locura y destrucción en el teatro griego clásico:   http://www.ucm.es/info/especulo/numero38/locuragr.html

jueves, 20 de septiembre de 2012

Por una Colombia de lectores: entre la rebelión y la revelación cognitiva




¡Qué chévere! Dijo uno de mis alumnos cuando comenté en la clase lo que se disponía desde el Ministerio de Educación, con el Plan Nacional de Lectura y Escritura: “Leer es mi Cuento” (PNLE); otro, con mucha ironía lanzó la expresión ¡ya era hora que se acordaran de nosotros, qué no sólo sea dinero para la guerra, porque la lectura y la escritura son la esencia y fuente del conocimiento! 
Esas expresiones con esa carga de emotividad y sinceridad me hicieron acordar que tenía un compromiso con un texto sobre el tan trillado y sobre-diagnosticado tema de la lectura y la escritura. Pero, que cada vez adquiere más vigencia y se hace un tema ineludible en los contextos académicos.

En mi concepto, también creo que ese Plan Nacional debería trascender el aquí y el ahora, para que los grupos editoriales entre otras entidades que usufrutuan del país, contribuyan de forma más concreta y sin ventajas impositivas para que los libros sean como el pan de cada día, un alimento intelectual para los estudiantes colombianos.
Que los precios sean asequibles y accesibles y puedan ser parte integral de la canasta familiar, si es que con el salario mínimo de los trabajadores se puede hacer ese sacrificio, poniendo en riesgo la subsistencia alimentaria de la familia, en un país donde la anemia y el hambre se pasean libremente, no obstante las campañas contra el hambre y los programas de los restaurantes escolares del ICBF.
Esa podría ser otra herramienta más que consolide la cultura lectoescritural e ir erradicando el analfabetismo funcional arraigado profundamente entre viejos y nuevos profesionales del país, quienes muchas veces prefieren comprar cosas suntuosas e innecesarias antes que comprar un buen libro para su autoformación.
Escuchándoles expresarse de esa forma renacieron algunas ideas. Iban fluyendo, de un inconmensurable caudal de inquietudes, los pensamientos relacionados con tan espinoso tema. A veces positivos; otras veces escépticos. Pero no caí en la zozobra, sino que miré las cosas desde una perspectiva diferente. Entonces, se cuajaron lentamente, permitiéndome construir mínimamente una apreciación muy personal de tan “loable” iniciativa.
Surgieron incólumes aquellas conceptualizaciones relacionadas con estas dos habilidades o competencias y me hicieron recordar lo que planteaba sobre lectura, Kenneth Goodman, quien basado en los avances de la sicolingüística y sicología cognitiva, planteaba que “leer es obtener sentido a partir de un texto escrito”.
Esto es, un lector activo debe procesar la información que le brinda el texto para luego procesarla a través de un intercambio dialógico de significados y cosmovisiones de la triada texto-lector-escritor, donde los conocimientos previos, motivaciones, competencia lingüística, propósitos y capacidad cognitiva, al momento de abordar el texto, ayudan a su comprensión e interpretación y se traduzca en aprendizaje y conocimiento.
Planteamiento complementado con el concepto de lectura del maestro Estanislao Zuleta cuando escribe que “no hay ningún código común previo, pues el texto produce su propio código”; igualmente que “el problema de la lectura es que nunca hay un código común cuando se trata de una buena escritura”. Pues, leer es trabajar; rumiar una y otra vez el texto. No hay un solo significado, sino múltiples y el lector debe realizar un esfuerzo para alcanzar la interpretación del texto.
Si las anteriores concepciones o cualquier otra que domine el maestro, son empleadas en las actividades pedagógicas de motivación y de trabajo académico de lectura en el aula de clases, de seguro que todos esos libros ofrecidos por el gobierno nacional tendrán el sentido y la función que debería tener cualquier libro que llegue a las instituciones educativas.
Pero, si éstos llegan para integrar el número total de libros que se encuentran en las bibliotecas escolares, es mejor que la inversión se haga en otros frentes de la educación. Esto último basado en una realidad tan tangible como la que se observa en muchas instituciones escolares del país: Libros comidos por el comején, el polvo y el abandono que se anquilosan esperando las manos ávidas de niños y jóvenes colombianos que no tienen la oportunidad de disfrutar de ellos porque no se quiere que se dañen los que se tienen en la biblioteca.
Los libros se convierten en artículos de lujo, ornando los estantes y yacen adormecidos en los anaqueles, esperando a ese lector que nunca llegará, sino se hace una revolución en el empleo de ellos, sacándolos de esos espacios muertos para que sean manoseados y leídos como debe ser. ¿Por qué se ha matado la motivación por la lectura y la promoción de ella no se hace de manera significativa en las bibliotecas escolares?
En mi concepto esta “ambiciosa estrategia para mejorar el comportamiento lector, la comprensión lectora y la producción textual, herramientas que favorecen el acceso al conocimiento y el ejercicio de la ciudadanía” como aparece en el periódico El Universal de Cartagena, podría ser un sucedáneo ante el gigantesco problema que se presenta en escuelas y universidades, y que imposibilitan el despegue hacia una cultura lectoescritural autónoma sin que haya la presión de la exigencia escolar.
La lectura es una herramienta para liberar el pensamiento, mas no para esclavizarlo. No obstante, por lo menos, sería bueno verle lo positivo si los maestros y directivos comenzaran a dimensionar que debe haber una política institucional que agilice el cambio de actitud de los maestros de áreas diferentes a la de lengua castellana para que se asuman estas competencias como las fundamentales para el desarrollo de una comunidad académica bien preparada para los retos de la época. Que la lectura y escritura sean los pilares de la formación de niños, jóvenes y adultos en todos los contextos educativos.
En el periódico se señala que se benefician 6.900 instituciones educativas del país y 5 millones 300 mil niños y jóvenes de preescolar, básica y media que, en su mayoría, nunca habían tenido un libro en sus manos.
Esa verdad tan contundente y palmaria, más allá del paliativo que se le da con este Plan, merece ser analizada con profundidad para no caer en los tan utilizados pañitos de agua tibia que se emplean demagógicamente por personalidades que nunca se han interesado por los problemas del pueblo colombiano.
Creo que la lectura y la escritura son los pilares de la formación cognitiva y cognoscitiva de niños, jóvenes y adultos, puesto que el 99.9% de la información adquirida por un ser humano se da a través de esta actividad. Luego entonces, si desde los gobiernos hubiera una política del libro como elemento sinérgico del pensamiento y el conocimiento, los objetivos para la construcción de una ciudadanía civilizada, respetuosa y amante de la libertad se darían sin necesidad de realizar campañas mediáticas.
En mi concepto, la lectura lleva implícita a su hermana siamesa, la escritura. No se escribe sin lectura; y sin escritura no hay lectura. La una dinamiza la otra. Asimismo, no se puede olvidar que la sociedad del conocimiento se basa en el aprendizaje libre, autónomo y sin coerción.
Creo que llegó la hora, más allá del Plan, de realizar un cambio de actitud y de estrategias que posibiliten el desarrollo de nuestros niños y jóvenes colombianos. Especialmente, aquellos que viven la incertidumbre de un país lleno de violencia, pero con la esperanza de sobresalir. Entonces me pregunto sin el ánimo de zaherir: ¿Este Plan no será un estrategia más para que la comunidad internacional crea que Colombia y su gobierno si cumplen con la educación de niños y jóvenes y así poder acceder a los empréstitos de la banca internacional?

jueves, 13 de septiembre de 2012

El desespero de un esquizofrénico o el ocaso de un semidiós

Tiranus Saurius.rex


Tal vez sean celos enfermizos o como se le desee llamar; pero, es sorprendente la forma como se ha llenado de ira un expresidente al conocer que el actual presidente realizará unas conversaciones de paz con la vieja guerrilla colombiana de la Farc.
Son cosas de locos dirían algunos; otros, pondrán su escepticismo de por medio sin mirar más allá de sus narices como lo hace el señor procurador cuando dice “Soy escéptico porque no les creo a las Farc, como no les cree la sociedad colombiana", y muchos otros defensores del “Status Quo” que piensan que los demás no pensamos.
De lo que si estoy muy seguro es que la gran mayoría de los colombianos deseamos que ese conflicto arraigado en las entrañas de la nación, se acabe ya. No sólo por el bien de las riqueza materiales del país, sino porque queremos que la sangre de muchos colombianos deje de brotar de las heridas de la guerra.
El cansancio de una guerra infructuosa y degradadora de la condición humana ha socavado nuestras conciencias, permitiéndonos presenciar las corrientes de sangre sin decir muchas veces que estamos cansado de ella y que nos estamos matando por nada. Hemos amado la violencia como se hace con una mujer. No ha brotado ni un ¡Basta ya! colectivo que nos señale que somos civilizados, respetuosos del semejante e hijos de Dios.
Ante lo anterior analicemos lo siguiente y pongamos un poco de sentido común para alcanzar a conciliar la razón y la pasión. Que la segunda no se imponga a la otra, puesto que muchas desgracias han surgido de esta última. Tanto que algunas opiniones estudiadas aquí están salpicadas de ese fanatismo retrógrado que nos enseña lo que no se debe hace cuando supuestamente se tienen los pies sobre la tierra y se es equilibrado sicológicamente. Que la nebulosa del Olimpo de quien se cree un dios y salvador de los mortales se disipe por el bien de todos y cada uno de los colombianos.
A raíz de la lectura lenta y auscultadora de las versiones salidas en la prensa escrita, en estos días de lluvia caribeña, me topo con apreciaciones muy interesantes y pertinentes para analizar sin cariz político de ninguna índole. Sólo lo hago con la convicción del ciudadano común y corriente que no traga entero y analiza críticamente la realidad de una nación envuelta en la discordia y la intolerancia de las ideas contrarias a las que se suponen son las mejores e irrebatibles.
Veamos estas: “el fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, está dando un mal ejemplo a los colombianos cuando dice que prefiere a alias ‘Timochenko’ en el Congreso, que verlo disparando contra otros colombianos.” Fueron palabras del expresidente cuando conoció lo que el gobierno del presidente intenta hacer en el resto de su mandato, conversar o dialogar con la guerrilla para allanar la paz de este sufrido pueblo.
El él surgió, según mi parecer, un dejo de tiempos idos o la manifestación de alguien que entra en el ocaso de un “seudo-dios” que se creía el líder perenne de un pueblo acostumbrado al olvido y la desesperanza. Interpreto desde una lectura mesurada y, conociendo al personaje, que aquí, con todo el respeto que merece como ser humano y como profesional, vive un ser delirante y enfermizo por un pretérito inasible que no volverá a vivir por mucho que lo intente infinidades de veces. Quizás esas palabras las dijo con su característica ira de político veintejuliero o con su cáustica actitud de omnipotente salvador, no lo sé.
Sin embargo, deja entrever que no comprendió la frase o si la comprendió, la acomodó a sus nefastos y protervos intereses. La prepotencia del que se considera único y mesías de los “débiles” lo cegó; no se valió de la ocasión para argumentar con solidez la situación y se dejó llevar por su pasión guerrerista y conservadurista como quien se cree omnipotente e imprescindible.
Y así, este personaje de tira cómica fenecida y tirada a la basura, creyéndose único y preclaro, siguió con su perorata amañada a sus intenciones: “Me alarmó escuchar al Fiscal General de la Nación decir que él prefiere a ‘Timochenko’ en el Congreso que a ‘Timochenko’ disparando. Me dolió y lo digo con todo el respeto por el Fiscal General de la Nación. Eso es lo que estamos logrando en Colombia, permisividad, complacencia con el terrorismo”. El cinismo en su enésima potencia se manifiesta detrás de las palabras de quien otrora fue complaciente con la corrupción y el asesinato selectivo.
Ante una violencia acrecentada cada vez más y generada desde hace tantos años, que él no pudo resolver durante su mandato con su actitud guerrerista, despilfarrando presupuesto en connivencia con la corrupción y la ilegalidad de toda orden, cabe preguntarnos.
¿No es mejor que aquél que se dice defensor de unos ideales y que ha utilizado las armas para imponer sus criterios, los expongas a ver si puede materializarlos desde la legalidad, la libertad y el orden? En mi humilde opinión sería una forma civilizada de demostrarle al otro que estuvo equivocado y que puede resarcirse para bien de todos.
Además, “La permisividad, complacencia con el terrorismo” se puede analizar desde otra perspectiva. ¿Éstas no se han tenido también con otros actores del conflicto como los narcotraficantes, los paramilitares, entre otros, quienes ahora o están presos, prófugos o en exilio? ¿Qué ha quedado de ellas? ¿Por que no dar la oportunidad, ahora sí, a esta guerrilla contradictoria para que demuestre sus cartas y pueda competir, desde la tribuna democrática, si ese es su objetivo, contra las otras facciones que han gobernado al país o han tenido oportunidad de hacer política, pero que no ha sido competentes ni muy “santas” que digamos?
Creo que se puede experimentar a ver qué sale. Dar la oportunidad y comenzar a tejer un horizonte mejor para una nación anquilosada en gobiernos de castas y familias oligárquicas que han desangrado a su pueblo a punta de pobreza y exclusión.
Asimismo, según lo leído, afirmó: “El Fiscal tiene la obligación de llevar a la cárcel a todos los delincuentes, (…) y el Fiscal ofreciéndole indulgencia a los terroristas, eso es un mal ejemplo al país. Esa no es la justicia que queremos”. En mi concepto, tiene razón y es así. Creo que el fiscal está olvidando sus verdaderas funciones constitucionales. Está en el deber y puede comenzar con muchos de los colaboradores del “mesías” implicados de paramilitarismo, de saqueadores del erario y salpicados de corrupción, que creen que la justicia no llegará, ha investigarlos a ver si se sanea el Estado y la política.
Es decir, el fiscal está en mora de hacer lo que le corresponde con los correligionarios de quien se ufana de límpido, honrado y defensor de los derechos humanos. Aquel que tiene rabo de paja y piensa que todos le creemos su discurso; ese que tiene a los colombianos sufriendo las consecuencias de una pasada mala administración. Pues se le hubiera reconocido sus logros si ésta hubiera beneficiado al pueblo y no a unos cuantos.
De otra parte manifestaba: “¿Qué es lo que se va a negociar? ¿Se va a negociar el terrorismo con el desarrollo rural? ¿Se puede negociar con el terrorismo la política tributaria? ¿Se puede negociar con el terrorismo los derechos humanos? ¿Vamos a negociar con los padres de las violaciones de los derechos humanos, que son estos terroristas? Eso es inadmisible, este es un país democrático”.
Si los interrogantes son retóricos por quien los lanzas, me parecen acertados; pero si tienen visos de preguntas para atacar lo que se piensa hacer en las mesas de diálogo, no. Pues como un “búmeran” se le regresa a quien las lanza desde una tribuna, creyendo que el olvido de la memoria colectiva sigue castigando a los oyentes, lectores en este caso.
Si son preguntas para cuestionar la posible agenda de negociación, creo que también cabrían las mismas para quienes han estado gobernando y usufructuando del país y nunca se les ha cuestionado; pues a ellos se les tiene que interrogar para que digan el porqué la gran mayoría del país vive en la pobreza y sin oportunidades de un mejor nivel de vida. Antes por el contrario a ellos se les ha dado la anuencia para seguir ganando a costilla de la gran masa de trabajadores y profesionales de clase media. He allí muchos ejemplos para ilustrar: el sonado caso de la salud, el del agro colombiano, el de las riquezas mineras, etc, etc.
Para terminar recojo lo que Platón, utilizado por Norberto Bobbio en su texto “La teorìa de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político, manifiesta sobre los modelos de Estado para ejemplarizar sobre la forma como desean perpetuarse en el poder, haciéndose los imprescindibles. Modelos que oscilan entre la timocracia, la oligarquía, la democracia y la tiranía. Platón hace hincapiés en algunos tipos de hombres gobernantes entre las que se destacan algunas de las características que posee el “mesías”. Usted puede comparar y discernir si hay o no alguna similitud; si me equivoco con los ejemplos, espero me alcance a entender, pues no soy un historiador, sino un simple colombiano del común.
El hombre timocrático, termino que proviene de Timé, que significa honor: “es un concepto, manifiesta el autor, introducido por Platón para designar una forma de transición entre la constitución ideal y las tres formas malas tradicionales” de gobierno. “Semejante hombre es duro con los esclavos, y ni siquiera se preocupa de ellos como acontece con quien recibió una educación perfecta; es indulgente con los hombres libres, y sumiso a las autoridades, deseoso del mando, amante de los honores; mas aspira a mandar no en virtud de la propia palabra, o por cualquier otra virtud del género, sino por la propia actividad bélica, por su talento militar, y paralelamente tendrá la pasión de la gimnasia y de la caza (549 a)”. Esto es, amante de la pelea y de la descalificación de los semejantes porque se cree superior a los demás.
Asimismo, en un aparte de la descripción del hombre oligárquico hay alguna característica que se resalta de esos gobernantes que solo gobiernan para unos cuantos, quizás el ejemplo es muy palmario: “- Así, los ciudadanos, de hombres deseosos de supremacía y honores que antes eran, dan en avaros y codiciosos. Todos sus elogios, toda su admiración son para los ricos; sólo para estos son los empleos: basta ser pobre para verse despreciado (550 y 551 a)”. Las evidencias de la manera como los grupos económicos succionan el trabajo de millones de personas en el país es la muestra más fehaciente de ese pasaje enunciado por Platón.
Pero cuando se describe al hombre tiránico, el asombro es mayor, pues pareciera que estuviéramos leyendo las características de un ex-gobernante nuestro “…el jefe del pueblo, al encontrar que la muchedumbre está dispuesta a obedecer, no puede abstenerse de derramar sangre ciudadana, bajo falsas acusaciones; precisamente de acuerdo con las costumbres de sus semejantes, arrastrando a la gente ante los tribunales, se mancha de homicidios, privando de la vida a un hombre , y prueba con la lengua y con sus terribles labios la sangre del prójimo, a algunos manda al exilio, a otros los condena a muerte, mientras por otra parte exige el pago de las deudas y diseña otra forma de repartir la tierra; ¿ no es quizá necesario, incluso fatal, para semejante hombre morir a manos de sus enemigos o transformarse en tirano y de hombre transformarse en lobo? (565 e)”. Entonces, ¿cualquier similitud con nuestra realidad es poca? Cada vez la profecía se cumple y, si no hacemos un frente común contra los enemigos de la paz y el progreso de todos, seremos víctimas pasivas de una violencia cataclìsmica.
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Referencias
Cantillo, Arrieta Juan Manuel - Colprensa | Barranquilla | Publicado el 28 Agosto 2012, en El universal. Cartagena.
Bobbio, Norberto, La teorìa de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político, Fondo de Cultura Económica, Santa Fe de Bogotá, D.C, Colombia, 1987.

Algunas prácticas pedagógicas en la escuela del siglo XXI: un asesinato consentido.



Circula por la Internet un documental muy interesante, La educación prohibida, del papel de la escuela y la educación, a través de las épocas, que me parece, recoge la percepción que tienen muchos de la formación de los niños y jóvenes que se hace desde paradigmas coartadores de sus capacidades. De allí que, con base en algunas reflexiones muy pertinentes, sin entrar a polemizar, porque hay mucha tela por cortar ante esta problemática, se escriba este texto.
Este texto una visión que, desde mi posición de maestro, analiza el desmoronamiento del acto educativo. Pero no se queda estático en la enunciación de la problemática, sino que intenta aportar al debate para que, desde y con los actores educativos, se generen algunas resoluciones viables, desde la reflexión teórico- práctica, que posibilite un cambio de actitud hacia la educación que catalice el progreso del ser humano y la sociedad en general. Tal vez sea una utopía, pero creo en ella. Pues si no se piensa ni se reflexiona desde el quehacer cotidiano los maestros van a seguir perdiendo su protagonismo principal o lo que queda de él.
Sí, la práctica pedagógica que se desarrolla en muchas escuelas y universidades aún sigue inmersa en elementos teóricos obsoletos que han sido superados por el desarrollo de las mismas ciencias de la educación, que la hacen retrógrada ante la historia reciente. Se podría afirmar que en nada llena las expectativas de niños y jóvenes. Como diría Pablo Obando Acosta, joven bloguero, “la verdadera educación, aquella que te deja ser, está prohibida, por cuanto el sistema educativo se ha convertido en un cúmulo de experiencias intrascendentes para las reales necesidades cognitivas y existenciales de la juventud del siglo XXI”.
Entonces, las capacidades, habilidades o competencias de los alumnos no son desarrolladas en su totalidad por la poca o nula disposición para estudiarlas en su esencia. Las habilidades de pensamiento, especialmente la analítica, la cual es desechada como si no fuera base inicial del pensamiento que permite desarrollar el autoconocimiento de la personalidad del educando, además de dotarlo de la madurez para respetar y analizar las ideas de los otros cuando sean diferentes a las suyas o para modificar su criterio cuando se le demuestre que está errado, es muy poco estudiada por los nuevos profesionales de la docencia y mucho menos aplicada en sus clases. Ha primado siempre el criterio economicista y laboral empleado para la formación de mentes sumisas y alienadas, apartadas del pensamiento y la reflexión sesuda. Una educación inmovilizada en dogmas y paradigmas retrógrados que imposibilitan el crecimiento del conocimiento del ser humano y la cultura en todas sus manifestaciones. Esto es, ha estado desarrollando mentes subordinadas.
Quizás esta problemática tiene muchas razones, entre las cuales se pueden enunciar las siguientes: 1) Que sea la consecuencia del desconocimiento de muchos de los nuevos profesionales de la educación en asuntos pedagógicos, entre muchos otros relacionados con la labor educativa; 2) Que sea consecuencia de políticas estatales y de gobiernos que buscan que la mayoría no pueda acceder a puestos de poder, sino que sean únicamente aptos para el trabajo; 3) que tenga más prioridad, para el Estado y sus gobiernos, la inversión para la guerra, que para la ciencia, la cultura, el deporte, y por eso no se le preste la atención requerida para convertirla en fundamento de una nación con deseos de desarrollarse; y 4) Que la misma sociedad y la familia, como núcleo central de la educación inicial del individuo, no le estén prestando la debida atención y sea vista como algo secundario.
Lo anterior no quiere decir que no se reconozca la importancia que tiene la actividad laboral para el progreso de las naciones ni que se desconozcan las capacidades académicas e intelectuales de los otros profesionales.
Una esbozada explicación, de uno de los elementos anteriores, puede ser la manera en que algunos gobiernos posibilitaron el acceso de profesionales diferentes a los pedagogos a formar parte de la carrera magisterial. Agregándose que no es que no la puedan ejercer, sino que, por no tener el perfil profesional y no prepararse para esa labor, encuentran esa actividad poco placentera y sólo la miren como alternativa laboral. Además, no poseer las herramientas requeridas para esa profesión, hace la actividad pedagógica menos profesional, porque la desarrolla un lego en la materia pedagógica; permitiendo no tener los saberes básicos ni el sentido de pertenencia hacia la profesión. Con todo de que a través de cursillos y diplomados intenten cualificarse en saberes pedagógicos, didácticos y metodológicos, según mi parecer, no es lo mismo ni tiene el mismo alcance de una formación sólida en esas áreas.
Esos profesores o instructores sin la debida formación en esas ramas y sin el debido sentir del ser maestro no podrán enseñar como lo hacen aquellos que escogieron el magisterio como profesión. Me preguntaría: ¿podrá un lego realizar una cirugía con la misma capacidad, experticia y profesionalismo como lo hace un cirujano? ¿Aceptarían los profesionales de esa profesión una competencia desleal en ese campo? Creo que no. Asimismo, los maestros se sentirían desplazados y verían que su campo de saber está siendo absorbido por personas sin las condiciones, convicciones ni vocaciones básicas para la docencia. Entonces, ¿Por qué no ha habido el respeto al campo disciplinar del maestro? La respuesta es simple; porque la educación en nuestros países tercermundistas no se considera importante y fundamental para el desarrollo ni la movilidad social.
Son por necesidad estomacal, mas no por vocación ni devoción. Docentes intuitivos se podría decir. Aunque manejan un potosí de valiosa información en sus áreas disciplinares, no están preparados para la formación integral de los alumnos. Sólo manejan una de las tantas dimensiones del ser humano, la cognoscitiva. Dimensión que ocupa un porcentaje de la formación escolar, pero que no es la más importante, pues otras muy trascendentales quedan a un lado y excluidas, permitiendo una malformación de esas personas que urgen un desarrollo volitivo, ético, estético, sicomotriz y cognitivo amplio y efectivo para enrostrar los retos de la época.
Agrega Pablo Obando que “Con el aporte de la ciencia y el desarrollo de la tecnología la sociedad logró un salto significativo en sus estructuras, pero la escuela se mantuvo incólume y se rezagó de las nuevas y renovadas formas de producción industrial. La escuela transmisionista, domadora, castradora y formadora de caracteres poco inclinados a la investigación se constituyó en una de las maneras de sometimiento ciudadano”.
Es decir, siguió y sigue detenida en el tiempo. Jóvenes que llegan sin norte y sin ese afecto hacia el conocer y el estudio, porque ya les han cortado las aspiraciones con una escuela descontextualizada y forjadora de máquinas repetidoras de acciones y de información que no ha podido transformarse ni servir para proponer un cambio en la realidad. Una escuela estigmatizadora o rotuladora de jóvenes que piensan diferentes y por su naturaleza contestataria son mal visto por los adultos, que los señala de rebeldes e insurgentes, porque desean una escuela donde sean valorados y tenidos en cuenta con sus estilos y ritmos de aprendizajes.
Muchos de esos nuevos y también viejos “profesionales de la docencia” están creídos que ser maestro no requiere de la demostración de afecto y sensibilidad hacia el otro; que educar no tiene nada que ver con el amor hacia el ser humano y el saber; además, descalifican el conocimiento y la sabiduría del ser maestro para dirigir a niños y jóvenes cuando enseña con benevolencia sin castigar ni herir. Creyentes de unos saberes “seudocientíficos”, intentan amaestrar a niños y jóvenes como si fueran muñecos de ventrílocuos. Olvidan que el maestro no es quien da buenas respuestas a sus alumnos, sino quien le dinamice el pensamiento, a través del diálogo y el discurrir respetuoso, para que encuentre la solución, reconociendo sus potencialidades y limitaciones. O bien como diría el maestro Raimundo Tenorio Torrente “la sabiduría del maestro dista del universo de sus conocimientos, cuando no logra despertar en sus discípulos el temor por la ignorancia”.
Cabe destacar que la mayoría cree que ser maestro no implica manejar teorías pedagógicas, metodológicas y didácticas que direccionen el quehacer docente con soportes epistemológicos. Tampoco reconocen la importancia de las emociones y los sentimientos al momento de enseñar. Desconocen los soportes epistemológicos de los saberes que dicen enseñar y manejar con propiedad; su historia y los cambios que se han realizado en el transcurrir de la evolución de ellos. Se han dedicado como dice T. Kuhn, a repetir lo que dicen las lecturas clásicas trazadas previamente por los mismos científicos, en este caso por sus viejos maestros.
Entonces, la idea es pararse ante un grupo e intentar transmitir el mayor número de información para que los discentes la repitan o retransmitan sin procesarla ni analizarla. De esta manera se cree que los niños y jóvenes aprenden y conocen. Es decir, pasar la información plana, sin que haya procesamiento de la misma, a través de las respectivas habilidades de pensamiento, es lo que prima y se prioriza en el contexto académico actual, con contadas excepciones. Costumbre que solapadamente sirve para enajenar a la mayoría, impidiéndole que se acerque al verdadero conocimiento. Ese que se da cuando tenemos conciencia de lo que sabemos y de la realidad que nos arropa.
Asimismo, se pude decir que, muchos de los que se dicen ser maestros, también desconocen estas teorías o fundamentos que todo docente debe manejar como soporte básico. Pues, no se puede negar categóricamente que, esa realidad no se dé cotidianamente en escuelas y universidades, donde los discentes adquieren verdades a medias como si fueran conocimientos certeros, porque sería negar la crisis por la cual atraviesa la educación. Consecuencia de todo esto son maestros y discentes alienados y adormecidos por el sistema, detenidos en una rutina sin hacer el menor esfuerzo por soslayar otras alternativas significativas para resquebrajar el paradigma asfixiante de las cuatro paredes del aula de clases.
Integrantes estáticos y permisivos, acomodados a la laxitud de un sistema acaballado por dirigentes inoperantes e ineptos, inmersos en una corrupción perenne, que piensan que los tiempos no cambian.
Hoy se ve que, marcar territorio con la instrucción, haciendo creer que enseñan un saber científico como si la escuela preparara a éstos y no fuera un espacio de convivencia social donde los niños y jóvenes aprenden a vivir en colectivos y donde se dará el disenso como norma primera y no la verdad revelada, es la cultura imperante. Desconociendo el arte de enseñar, asumen el reto y desplazan a quienes estudiaron para esa tarea. Han mantenido la creencia de que enseñar es impartir información para que los discentes la repitan literalmente o se han encargado de ejercitar a través de acciones reiterativas algunos procedimientos como queriendo señalar que así se aprende y se conoce.
Pero lo anterior, es canto de sirena, puesto que, ahora más que nunca, vemos una descomposición escolar y disciplinar sin la existencia de didácticas ni metodologías para enseñar. Añadiéndose el poco amor del maestro hacia sus discípulos como elemento catalizador y formador del proceso. También la mucha preocupación por cobertura y deserción que prima por mantener unos indicadores supuestamente de eficiencia del sistema. Una descomposición que se traslada a lo social, a lo familiar y a lo personal. Se podría decir, mataron la educación y el arte de enseñar; no saben que educar no es instrucción.
Creo que todavía no se ha hecho un análisis detenido de las incidencias nefastas del desconocimiento de los fundamentos pedagógicos en las personas dedicadas a “enseñar” a niños y jóvenes. En el ensayo, Aproximación crítica a la práctica pedagógica descalificadora de la autonomía y la libertad del ser humano en la universidad, manifestaba que “Tanto es, que en algunas universidades, autoproclamadas templos sagrados del conocimiento, aún no se han dimensionado ni en sus generalidades ni particularidades estas conceptualizaciones y se han quedado estáticas, sin hacer una reflexión crítica ante la crisis que atraviesan. Y si la han hecho permanecen inexorablemente inmersas en un silencio cómplice, motivados por la molicie de sus actantes. Es decir, la ley del facilismo ha sido su accionar”.
En suma, es bueno tener presente que el conocimiento total de la didáctica, la metodología y la pedagogía son la piedra angular de una buena práctica docente. Que “enseñar es catapultar las capacidades del ser humano sin imposición ni coerción. No es pertinente creer que la instrucción transforma la realidad. Puesto que, esa percepción es muy grave, ya que coartar la libertad y la autonomía del ser humano no es el sentido de la educación.”
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Referencia
Pedroza, Doria Edinson, “Aproximación crítica a la práctica pedagógica descalificadora de la autonomía y la libertad del ser humano en la universidad”, en http://red-academica.net/observatorio-academico/2012/05/21/aproximacion-critica-a-la-practica-pedagogica-descalificadora-de-la-autonomia-y-la-libertad-del-ser-humano-en-la-universidad/