Un espacio donde se recogen ideas y percepciones sin discriminaciones. Aquì se expresa lo que pensamos. No nos supeditamos a lo establecido; somos irreverentes por antonomasia.
Uno y el maestro. Una parodia con el Universo
¿ De qué puede escribir un maestro? Sí, maestro. Ese que enseña a grupos de cincuenta estudiantes en un salón sin condiciones mínimas para realizar esta labor. Pues, qué se puede responder tajanatemente y sin preámbulos discursivos: de aquello que cotidianamente realiza; de su quehacer. Pero un quehacer saturado de incertidumbre y desconocimiento social, puesto que ante sus adversidades no le queda más que encerrarse en su mutismo y dejar que pasen las cosas sin chistar, ya que la sociedad lo ha estigamtizado de muchas formas. Basta con analizar lo que los medios, los padres de familia y los mismos directivos de la educación piensan de este noble ser que se desgañita y desgasta con una camada de niños y jóvenes irrespetuosos y deschavetados que intentan liberarse de aquellas exigencias familiares y sociales porque las consideran violadoras de sus derechos como ciudadanos y seres humanos. Da lástima pero, a la vez, valor enorme de seguir creyendo en el arte de enseñar. Porque quien realiza esta labor hermosa es un artista. El maestro está en la obligación de demostrar que es un ingeniero social, que no puede ni debe amilanarse ante el reto sociohistórico que se desarrolla en este siglo de las luces del conocimiento y la información. El charlar con sus pares académicos de lo que hace, de lo que piensa, de sus miedos y querencias permiten que se construya un tejido de experiencias significativas de la pedagogía del maestro del siglo XXI. No soy un mesías de la pedagogía ni lo deseo ser; sin embargo, pienso y creo, o estoy muy seguro, que desde el mismo momento en que un maestro se pone de pie ante un grupo de personas, con unos objetivos claros de lo que queiere hacer con esa masa ávidas de afecto y orientación, se comienza a construir una sociedad diferente, que se ha idealizado en la mentes y los corazones de cada uno de aquellos que dicen ser maestros. No se puede bajar la cerviz ante las contrariedades que el contexto presenta. Todo maestro sabe que la violencia, la pereza mental, la desidia por el pensamiento sistemático, el análisis y el sacrificio arduo por conocer son la comida diaria de muchos individuos en esta sociedad mediatizada y alienada. Ante eso se debe pensar en una pedagogía fuerte y arraigada en una disciplina del pensar para transformar; asimismo, desde el saber enseñar con el diálogo y la concertación sin el enfrentamiento generacional, puesto que lo que vale ahora es saber motivar, desde nuestras posibilidades de maestros, para una sociedad del conocimiento in crescendo.
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