“El hombre mediocre siempre culpa de sus fracasos a los demás;
el hombre superior se culpa a sí mismo”
Confucio.
Autor: Edinson Pedroza Doria
RESUMEN
No es fácil contrarrestar la manera como se acrecienta la cultura del facilismo o del menor esfuerzo en nuestra sociedad mediatizada; todo se ha ido diluyendo en una generalización soterrada de que ésta ha avanzado tanto, que las máquinas lo hacen todo por el hombre. Aunque esto sea verdad, sería bueno realizar una reflexión seria para no seguir negando las capacidades de cada uno de nosotros. La cultura del menor esfuerzo; la pedagogía del facilismo debe desaparecer de conductas y comportamientos en jóvenes y adultos de esta época. Ya es hora de mirar más allá de la existencia adormecida de nuestra sociedad donde los medios y la educación han jugado papel importante en el reinado de la abulia intelectual. Aquí se plantea de forma muy general la idea de catalizar acciones pertinentes y relevantes para no caer en la alienación e ir configurando una cultura del esfuerzo, que permita salir de la cárcel del subdesarrollo como lo dijera, en alguna oportunidad, Arturo Uslar Pietri.
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Actualmente, uno de los tantos y grandes problemas que enfrenta la formación escolar en todos sus niveles, está relacionado con la poca disposición tanto de padres, docentes y estudiantes por asumir la cultura del esfuerzo o, mejor decir, la pedagogía de la dificultad como parte fundamental en el proceso académico, puesto que empecinados en el facilismo, se han creado comportamientos soportados como normales en nuestra cultura intelectual. Tal vez ese problema radica en la incapacidad de unos y otros por no saber superar lo que los medios venden a través de sus programas cotidianos y que desdicen de la “mayoría de edad” que debe poseer el individuo cuando utiliza el entendimiento para diferenciar lo que sirve de lo que es lesivo a sus intereses. Programas alienadores y propiciadores de normas deschavetadas y acríticas, que socavan las estructuras culturales de la nación. Me atrevería a afirmar categóricamente, que el contexto cultural donde se desenvuelven nuestros jóvenes y adultos, ha hecho que no haya un norte definido para la movilidad social por medio del conocimiento, no obstante vivir en la sociedad de éste. Entonces, educar a hijos e hijas, con la concepción del sacrificio y el esfuerzo intelectual como elementos necesarios para la formación integral, forjadores de la personalidad sólida como valor fundamental para el progreso y desarrollo de una nación, choca con esos modelos sociales que los medios imponen o proyectan en sus programas, acolitados por el poder hegemónico de administraciones gubernamentales alienadoras. La sociedad adormecida o sorda ante las acometidas de quienes se elevan como sus defensores, se arrastra a su autodestrucción, imposibilitando su verdadero progreso.
Esta reflexión está encaminada a convocar esfuerzos desde la universidad para que la cultura, basada en la vida descomplicada y sin esfuerzo, que solo busca el placer, no importando el fracaso de unos y otros, sea desarraigada y se comience a gestar un accionar para una mejor disposición y fortalecimientos de una academia catalizadora del pensamiento y la creatividad como ejes sociológicos, cognitivos y cognoscitivos trascendentales que mejore el nivel de vida de una nación olvidada y oprimida por el abandono como señalaba alguna vez, García Márquez .
De lo anterior surge las preguntas ¿Cómo realizar una concientización para que la cultura del esfuerzo en nuestra academia, provoque la movilización colectiva a través del pensamiento, permitiéndonos unos mejores resultados en la formación de estas generaciones de hombres y mujeres? ¿Se dará la relación respetuosa entre realidad-academia sin hacer un acto de contrición serio, responsable y honesto desde la universidad? ¿Se posibilitará la acción investigativa cómo elemento transformador del quehacer cotidiano de la docencia, permitiendo una transformación en la percepción que se tiene de la educación profesional? Preguntas muy interesantes y complejas de resolver de buenas a primera por las implicaciones y connotaciones inmersas en ellas, puesto que asumir una sola postura obligaría a mantener una sólida perspectiva ante problemas con múltiples aristas. Según mi concepto, es bueno analizar que una educación normativizada con artículos y decretos facilitadores del menor esfuerzo, y sin una función específica para después del egreso, es un canto de sirena para los oídos de jóvenes con problemas de comportamiento y baja autoestima, sin motivación y sin un proyecto de vida definido de común acuerdo con sus verdaderos intereses.
No obstante lo anterior, considero que si hay una dosis de motivación y oportunidades reales para después de finalizar sus estudios, se podría enrumbar el camino hacia los objetivos y metas de una sociedad oxigenada con la sangre nueva de jóvenes profesionales, demostrándoles, eso sí, que la creatividad e iniciativa son las únicas herramientas con las cuales se puede acceder a posiciones de poder y movilidad. Pues “Hay que poner un gran signo de interrogación sobre le valor de lo fácil; no sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pones en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.”, afirmaba Estanislao Zuleta en su Elogio de la dificultad, haciendo énfasis en la importancia de la creatividad como enriquecedora de la vida y el pensamiento.
En mi concepto, se podría trabajar desde la conciencia de los jóvenes para que le encuentren sentido a su estadía en la universidad, ya que si se les deja a un lado, sin desplegarles su imaginación a través del trabajo fuerte y exigente, se castraría su creatividad, propiciándose formas de decirles que también se puede crear sin esfuerzo colectivo cuando es todo lo contrario; el trabajo cooperado y dialogado con respeto es el referente con el cual se modifica el anquilosamiento intelectual. Ya el paternalismo académico tiene que acabarse y comenzar a vislumbrarse alternativas colaterales ante la abulia espiritual e intelectual de estudiantes, padres y profesores. Sin embargo, no es que se trata de incidir con nuestras propias frustraciones, sino en indicarles que cada uno tiene sus propias capacidades y que éstas pueden utilizarse siempre y cuando se desarrollen en las debidas proporciones; desarrollar aquellas competencias para que se generen transformaciones pertinentes.
Según los expertos, la motivación es factor determinante. Como diría el pedagogo: la pedagogía de la contrariedad es la vía más práctica. Hacerles ver que el esfuerzo si tiene sentido en la vida, en la formación. Nada es fácil en la vida, más cuando se está en una sociedad cuya información cubre todas las esferas y es necesario cambiar o estar preparados para la apropiación inmediata de ella como exigencia del aquí y el ahora. Igualmente, mostrar los beneficios del esfuerzo con ejemplos cercanos a la realidad, de aquellos que han llegado allí por sus capacidades y no porque se les haya regalado nada.
Considero que la propuesta de la denotada pedagogía de la contrariedad permitiría que el estudiante universitario se forje una idea del esfuerzo como sinergia alentadora para su desarrollo personal y social. “Confrontar las contrariedades en el proceso de aprendizaje le ayudará a salir adelante. Si no se esfuerza en solucionarlas nadie lo hará por él y esa es la realidad que hay fuera del ‘nido’. Si no encuentra obstáculos en el camino no aprenderá nunca a superarlos”, manifiesta el pedagogo con la contundencia de sus palabras llanas y sin tapujos conceptuales.
Él recurre al ejemplo de la bicicleta: “Cuando son pequeñitos, primero van en triciclo y luego pasan a la bicicleta con dos ruedas pequeñas de soporte. Pero, será necesario que los padres se dejen los riñones aguantando el sillín mientras corren detrás y que ellos se despellejen las rodillas de vez en cuando para que aprendan a ir a dos ruedas”. Con este ejemplo se patentiza aún más lo que anteriormente se manifestaba; se tiene que dinamizar la cultura del esfuerzo como aliciente para una mejor sociedad, desalienada y cultivada para el trabajo sistemático y práctico que motive la creatividad y la innovación.
Asegura el pedagogo Torralba” La cultura de la contrariedad es aquella que nos indica que si no se experimenta ni se van corrigiendo a través de la práctica crítica, las falencias, difícilmente se podrían superar. Combatiríamos de lleno la idea de la movilidad de un semestre a otros por la ley del arrastre. Ya es hora de trascender la ley del mínimo esfuerzo o la ley de la nota mínima para ganar la asignatura. Pero a todo esto qué es lo que se propone con la reflexión. Quizá buscar un acercamiento más realista a esa problemática generalizada y soportada estoicamente por la gran mayoría para no tener que luchar con las contradicciones”.
Por último, a manera de síntesis, recojamos lo siguiente: “el trabajo de educar es, esencialmente, un trabajo que corresponde al padre y a la madre. Actualmente, aún reconociendo la dificultad que conlleva conciliar la vida laboral y familiar, “hay una cierta tendencia a la dejadez y a delegar muchas veces esa tarea a la escuela: ‘Pago, ahí os lo dejo’”.
Fuentes bibliográficas:
ZULETA, Estanislao; Elogio de la dificultad, Fundación Estanislao Zuleta, 1998, Cali.
RUIZ, Víctor en Forum Libertas.