domingo, 23 de mayo de 2010

Key, mi hija linda

Una sonrisa tejida con el encanto
de los ángeles eres tú, hija mía.
De lo más hondo de mi pecho brota
a borbotones la frase calmada para
decirte que te amo como se ama una vez
en esta vida.

Key, mi sueño.
Mi delicioso sueño
de encantos sonoros,
paseas por el crepúsculo de mis días
con los pasos alocados de tus catorce años.

Te llevo en mi oración
sagrada como el talismán gris
de mis abuelos.

Key, cómo decirte que el mar perdió su
encanto cuando naciste aquella segunda vez.
Eres el milagro que alguien soñó en su pasado.
No eres amor; eres la esencia del todo y la nada.
Conjunción sembrada de vida.

Ríe como sólo tú lo haces, mi Key.
La inocencia te eleve
como la gaviota que surca mis cielos distantes.
Ebrio de amor por tí, hija mía,
cuando te veo llegar
con tu desmesurado secreto de la ansiedad divina.

Oh, mi Key.
Mi amorcito hecho canción de cuna.
Eres mi razón y mi todo.
Mi hija, mi Key.
La reina de ilusiones
reflejadas en el aire de este tiempo
que palapita cada día en mi existencia.

Ahora, tú eres su continuación.
Tú, hija mía.
Te toca el secreto de cubrir
con tu inocente voz, la voz de mi madre.
Key, mi Key.
Mi niña consentida,
mi hija.

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